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Pau. Un tipo feliz

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Hay dos Pau españoles que siempre me cayeron bien. Uno es Gasol, el atleta, practicante del único deporte que puedo mirar durante horas en vivo y en TV y que medianamente llegué a practicar en mi vida: el baloncesto. Este Pau me hizo ver con mucho interés y disfrutar numerosos juegos en la NBA , sobre todo aquellas finales de los Lakers junto al ya eterno e inmortal Kobe, y más aún aquellas participaciones en el baloncesto FIBA con su selección nacional de España, donde sudó la camiseta en cada partido de Mundiales y Olimpiadas (aún lucha y sueña con ir a las de Tokio) como el más laborioso de los soldados de un batallón en plena guerra. El otro Pau nos dejó hace pocos días. Donés, ese tipo bonachón y desenfadado que por allá a finales de los años 90´s y comienzos de los dos miles nos atrapó a muchos a ambos lados del Atlántico con sus melodías y letras entusiastas, alegres y románticas. La Flaca, Depende, Bonito, Grita, Tiempo, Dos días en la vida, Quiero ser poeta, e...

Kobe

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Qué decir que no se haya dicho ya sobre la sentida muerte de este ídolo eterno del baloncesto norteamericano y mundial. Estupefactos, en shock, incrédulos, fuimos siguiendo el desarrollo de las informaciones en aquel fatídico domingo. Y finalmente se confirmó la mala nueva. Kobe, la leyenda viviente, el millonario jugador retirado, el laker invencible e incombustible, dejaba este mundo de una manera trágica y dolorosa. Es una de esas muertes que nos deja en evidencia algo: no somos más que seres de carne y hueso vulnerables, que un día partiremos del mundo de los vivos y entonces seremos solo un recuerdo. Afortunados los que coincidimos en tiempo con su presencia en la tierra, y pudimos ser testigos de su magia en cada cancha de baloncesto que pisó. Sus 20 años trajeado de amarillo en Los Ángeles y sus participaciones con el USA Basketball Team serán imágenes que evocaremos los que amamos el baloncesto. Hasta luego Black Mamba.  

¿Otro blog abandonado?

Sucede que de repente inicias con entusiasmo la tarea de escribir en un blog. Lo registras, te maravillas de lo rápido que las tecnologías 2.0 te hacen posible el tener tu propio medio, y ¡voilà!; empiezas a soltar ideas, pensamientos, quizá reflexiones, a través del lenguaje escrito.

Todo que sigue igual (*)

Cae la tarde. A medida que el cielo va tomando cálidas tonalidades la gente del barrio regresa a sus casas. Caras estiradas, cuerpos tensos, el cansancio se les dibuja en cada parte del cuerpo. Martín, el obrero de fábrica, camina lentamente la subida. Está deprimido. Cabizbajo, piensa cómo hará para continuar manteniendo a su familia. Sigue la marcha, hay que apurarse, después - en la noche- el barrio se pone peligroso. Cuando le faltan dos casas para llegar a la suya la vieja, que viene de la bodega, le sale al encuentro.

Teatro al volante en Los Teques

ELENCO: Simpáticas señoras atravesadas Un pendejo conductor atravesado Un autobusero atravesado Yo, el conductor Escenario: Cualquier calle y esquina de la ciudad en la que vivo desde que nací Sube el telón *Escena 1:* Vienes conduciendo. Te acercas a la esquina. El semáforo cambia de rojo a verde, con lo que no disminuyes la velocidad porque piensas que - lógicamente - atravesarás el cruce de calles sin interrupciones. Sin embargo, una o dos simpáticas señoras se lanzan justo en ese momento - mientras ven el semáforo y te ven a ti - a atravesar la calle, sabiendo que no deben hacerlo. Corren y no corren, es decir, hacen como que corren pero realmente continúan caminando, solo que esta vez poniendo cara de pendejas, con esa sonrisa típica vernácula del que sabe que lo está haciendo mal, que trasgrede una norma o ley, y aún así lo sigue haciendo. Las ves queriendo tener el poder, a lo Mazinger Z, de lanzar rayos láser por los ojos y convertirlas en polvo cósmico. Ellas ...

Cómo nos cuesta ser ciudadanos

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Soy un conductor ocasional. Es decir, que no todos los días ando detrás de un volante sorteando calles, autopistas y vericuetos viales. Por residir en una de las llamadas ciudades satélite (que todavía no la he visto dando vueltas alrededor de Caracas) y sólo venir a ésta capital del ajetreo y el horripilante tráfico a laborar, dejo el placer de manejar generalmente para los fines de semana , mientras que de lunes a viernes el Metro se encarga de mí.

Versos imposibles (Recuerdo de la infancia)

No se quién será el autor de esto. Recuerdo que lo aprendí en la primaria y más nunca se me olvidó, no de una maestra sino de otro compañero que se lo sabía de memoria y siempre lo recitaba. Como no lo he conseguido textual en Internet lo publico (para que se preserve en la red) aunque sí he encontrado otras versiones muy parecidas. Entiendo que es algo así como un cuento loco para hacer reír a los niños. Ahí va. (Si alguien sabe la autoría pues que la aporte)  "En el año mil dos mil,  cuando los elefantes volaban de flor en flor Yo, sentado en una piedra de madera,  leyendo un libro sin letras, bajo la luz de un bombillo quemado. De repente, un ruido, un hombre sin cabeza, yo, desarmado,  saqué mi cuchillo, le pegué un tiro, y le rompí la nariz".    Es todo... Chao.