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viernes, 24 de abril de 2009

Animales inútiles (I)

Escribo este post a riesgo de que me caigan encima los zoólogos u otros defensores a ultranza de la naturaleza. Para empezar, no tengo nada en contra de la vida de nadie (sea humana, animal o vegetal), pero es que, sinceramente, a veces me pregunto: para qué carrizo Dios (si es que él fue el que creó todo) o la selección natural de Darwin permitieron la existencia de ciertos animales que, por más que les busco la vuelta, no les encuentro mayor utilidad en la tierra.

A continuación dejo mi enumeración personal de esos bichos que, a mi juicio, no son sino un error de la naturaleza o una jugada tramposa a la humanidad para hacernos pasar un mal rato: 

1 -  Sietecueros (babosas)


A estos bichos recuerdo verlos de carajito en los troncos de algunos árboles y en los ladrillos y zonas donde hubiese humedad, y ante mi pregunta acerca de qué carrizo eran la única respuesta que encontré en aquellos años fue la genial idea de un primo de echarles sal para ver absortos cómo el pobre bicho se consumía y moría lentamente.

De verdad que no se para qué sirven, pero ese pedazo de cosa que parece más bien un trozo de concha gelatinosa húmeda y llena de saliva no me causa ninguna gracia, aparte de que he escuchado quién sabe cuántas versiones de las terribles enfermedades de la piel que ocasionaría si lo llegaras a tocar.

Me pongo exquisito y busco, Internet de por medio, un poco de información. Acudo al Dios Google y las primeras entradas me reportan resultados que hablan de que los sietecueros “dañan una gran variedad de cultivos principalmente hortícolas: lechuga, calabacín, berenjena, repollo, coliflor, acelga, vainitas, brócoli, alcachofa, zanahoria, remolacha, papa, ajo, fresa, durazno, orquídeas”. Mejor dicho, cualquier vaina que se coma.  
Y además leo que, “Andrews y Huezo (sabrá Dios quiénes son) estimaron que una babosa por metro cuadrado por noche puede dañar 16% de las plántulas de fríjol y reducir el rendimiento en 80%”. ¡Unas verdaderas destructoras!


Lo dicho, no se para que existen estas cosas que sólo que sirven para poner de cabeza a los agricultores y para joder.

2 – Ratas


De las ratas sólo diré que cualquier mujer que conozco puede odiar muchísimo a su novio – marido – esposo – pechugo cuando éste se porta mal, pero ese odio nunca llegará al nivel de desprecio que llegan a tener las féminas por estos roedores.

Si de por sí ya existen los ratones, chiquitos, fastidiosos pero controlables, que caben en cualquier trampa de esas que en un parpadeo les espaturran la cabeza, y además tienen sus versiones amigables en personajes como Mickey Mouse, Speedy González y el ratoncito parlante de una película reciente cuyo nombre no recuerdo, por qué tienen que existir las ratas, grandes, desafiantes, asquerosas, hediondas, y sobre todo capaces de emitir un sonoro e impertinente chirrido que nos hace pensar que están buscando enloquecernos para luego caernos encima en cambote.

Alguna vez alguien me contó cómo un poco de ratas se estaban comiendo vivo a un viejito (muy viejito) que estaba sólo en su casa y casi no podía moverse. ¿Hacen falta más motivos para odiarlas?

3 – Moscas


Pienso y pienso y no le encuentro utilidad a la existencia de las moscas, como no sea un castigo divino a la humanidad por haber cometido quién sabe que error (de los muchos que ha cometido) en el pasado. Porque, vamos a ver, quién concibe un animalejo que sólo sirve para dar asco, para obligarnos a botar la comida donde ésta se pare, a lavarse la parte del cuerpo donde nos toque por aquello de que la bicha en cuestión se haya detenido antes muy oronda y hambrienta en un colosal amontonamiento de excremento humano o de perro, y en general a amargarnos la vida si estamos cocinando y les da por invadirnos la casa en ese momento debido, entre otras cosas, a la ya normal ineficiencia del aseo urbano que no recoge la basura cuando debe hacerlo.

Me vuelvo a poner exquisito y vuelvo al Internet para soportar con base esta crónica. ¿Y qué encuentro de las moscas? Lo siguiente: “Dado que la materia fecal y la carne en descomposición atraen a las moscas, se implica a las moscas con la transmisión de enfermedades infecciosas como la disentería, el cólera, y la fiebre tifoidea al contaminar los alimentos sobre los que se posan. También son vectores en la transmisión de epizootias (no se que es pero suena feo). Las larvas de algunas moscas producen miasis (gusaneras o bicheras) en el ganado (Cochliomyia hominivorax, el gusano barrenador del ganado) y en el hombre (Dermatobia hominis).


¡Que carajo, el cólera mató un gentío hace poco en Zimbawe. Para qué decir más, hay que eliminar a las moscas!

4 – Cucarachas



Como dice el popular dicho, el mismo mono con diferente cachimbo. De verdad que no hay mucho que decir de este insecto, más allá de que si se hiciera una encuesta sobre los seres vivos más asquerosos y repugnantes del mundo, seguro estoy que esa cosa acapararía el cien por ciento de las preferencias.


Porque, si a ver vamos, para qué sirve una cucaracha, como no sea para generar asco en quien la ve. Sólo recordar los alaridos de mi mamá cuando, siendo yo pequeño, se subía a una silla cada vez que una de estas bichas osaba entrar a la casa, me da motivos suficientes para odiarlas. Que me expliquen los especialistas si la cucaracha cumple una función especial en el proceso de mantenimiento de las condiciones de la vida del planeta, evitan el calentamiento global, ayudan al equilibrio entre los planetas y a que no nos coma un agujero negro o lo que sea, pero mientras nadie me lo aclare mi zapato talla 43 seguirá bajando contra el piso a rauda velocidad cada vez que una de ellas esté cerca de mí.
  
POR SI ACASO: Si PETA o alguna otra organización defensora de los animales, sean éstos mascotas domésticas, silvestres, salvajes, no descubiertos, en extinción o lo que sea, decide llevarme ante una Corte Penal Internacional en Defensa de los Insectos -¿puede existir algo así?- por escribir estas líneas, debo decir a mi favor que hace años no les echo sal a los babosos y repugnantes sietecueros, muy pocas veces me encuentro con ratas, soy malísimo (o más bien excesivamente lento) matando a las fastidiosas moscas y ahora prefiero espantar a las asquerosas cucarachas y sacarlas de la casa a punta de escobazos antes que pisarlas, porque la última vez que pisé una no fue nada agradable limpiar los restos del estripado cadáver de la suela de mi zapato. Por lo demás, a veces sobo a los perros, si no están sucios, y me caen bien los gatos, así que tampoco es que odie a todos los animales.

Actualización necesaria: Ocho años después de haber escrito este post, la vida me llevó en este año 2017 a trabajar en el principal instituto de investigaciones científicas de mi país, Venezuela, y a tener la oportunidad de realizar como periodista un curso de redacción de artículos orientados a biología de la conservación. Quizá ahora entiendo más las reacciones en contra de algunos comentaristas a lo que aquí escribí, pero insisto, sólo fue en su momento un texto con intención humorística que se vale de la tradicional reacción en contra que generan los "bichos". Muy a pesar de que una lectora lo agarró de manual para exterminar sietecueros. Soy un defensor de la biodiversidad, y no me gusta matar animalitos. Y por alguna extraña razón es - por mucho - el post más visto de este sencillo blog que actualizo con menos frecuencia de la que desearía, con más de cuatro mil lecturas.